RULESSWASTE ha alcanzado un hito relevante con la finalización del entregable D2.1, centrado en el diagnóstico del desperdicio alimentario en los casos de estudio rurales seleccionados.
Este entregable consolida la primera base de evidencia del proyecto y permite comprender mejor cómo se percibe el desperdicio alimentario, dónde puede generarse y qué actores pueden contribuir a futuras soluciones.
El diagnóstico se ha desarrollado mediante un enfoque metodológico mixto que combina 224 encuestas a hogares, 17 entrevistas con agentes clave del sistema alimentario y 5 grupos de discusión con 41 participantes. En total, se implicaron 58 agentes en los territorios, con una sesión de contraste celebrada en junio de 2026.
Un diagnóstico anclado en el territorio
El trabajo se centra en tres zonas rurales arquetípicas de Asturias, que cubren cinco municipios de referencia: Gozón, Carreño, Tineo, Salas y Valdés.
Estos territorios representan distintas configuraciones del sistema alimentario rural: una zona periurbana de costa turística, un área interior de producción agroalimentaria y una zona costera noroccidental vinculada a villas pesqueras. En conjunto, permiten entender el desperdicio alimentario no como un problema único, sino como un fenómeno condicionado por el contexto local, la actividad económica, la estacionalidad y la estructura territorial.
Dónde se percibe el desperdicio
Una de las principales conclusiones del diagnóstico es que el desperdicio se percibe principalmente en los eslabones intermedios de la cadena.
La hostelería y los servicios de alimentación, junto con el comercio y la distribución, aparecen como los hotspots más señalados, ambos con un 42% de respuestas. Los hogares también son relevantes, pero el diagnóstico identifica una brecha delicada: muchas personas no reconocen el desperdicio como algo que ocurra en su propio hogar, aunque se mencionan con frecuencia causas domésticas como comprar de más o planificar poco.
Construir una base para actuar
D2.1 no cierra el diseño de las intervenciones del proyecto. Su función es aportar la evidencia necesaria para orientar la siguiente fase.
Los resultados servirán para guiar el diseño de la plataforma RULESSWASTE, las acciones educativas y formativas, las campañas de sensibilización y el marco de evaluación. También ayudan a identificar los actores, comportamientos y barreras que deben tenerse en cuenta para que las futuras soluciones sean útiles, realistas y socialmente aceptadas.
Porque reducir el desperdicio alimentario empieza con evidencia, pero solo cobra sentido cuando esa evidencia se transforma en acción.

