Iniciar un proyecto como RULESSWASTE no consiste en empezar actuando, sino en empezar construyendo una base sólida.
Antes de desplegar trabajo de campo o recoger datos, es fundamental asegurar que el proyecto está bien alineado, coordinado y preparado para operar en entornos rurales complejos.
Esta primera fase se ha centrado precisamente en eso: sentar las bases sobre las que se desarrollará el resto del proyecto.
Establecer el marco del proyecto
Los primeros meses de RULESSWASTE han estado dedicados a definir las estructuras internas que permiten que el proyecto funcione de forma coordinada.
Esto incluye mecanismos de gobernanza, protocolos de comunicación y herramientas de seguimiento que aseguran que todos los socios estén alineados y que el progreso pueda monitorizarse de forma estructurada.
Aunque este trabajo no siempre es visible, es clave para garantizar que las acciones posteriores sean coherentes, eficientes y escalables.
Definir dónde actuar
En paralelo, el proyecto ha trabajado en la identificación de los territorios donde se desarrollarán las acciones. Estos territorios permiten abordar el desperdicio alimentario desde diferentes contextos.
Preparar la fase de diagnóstico
En este momento, las actividades se encuentran en una fase preparatoria.
Se ha iniciado el mapeo de actores y el contacto con agentes locales para facilitar el desarrollo del trabajo de campo en las próximas semanas.
Más que avanzar rápido, el objetivo es avanzar bien: asegurar que las condiciones son adecuadas para generar información útil y fiable.
Porque en sistemas complejos, lo que ocurre antes de actuar determina el impacto de lo que viene después.

